El dueño de una barbería en San Isidro y el dueño de una boutique de ropa en Miraflores van a necesitar cosas distintas, aunque los dos quieran lo mismo: que sus clientes vuelvan.

La diferencia entre sellos y puntos no es cosmética. Cambia la psicología del cliente, la operación del negocio y los resultados que se pueden esperar. Vale la pena entenderla antes de decidir.

La tarjeta de sellos: simple, visual, directa

El mecanismo es el más antiguo del mundo: cada visita o compra suma un sello. Al llegar a diez, tienes algo gratis. Nada más.

Su fortaleza está en la claridad. El cliente sabe exactamente dónde está y cuánto le falta. No hay cálculos. "Me faltan tres visitas para mi café gratis" es una frase que cualquiera entiende y que crea anticipación.

El problema con las tarjetitas de cartón era que se perdían. La solución digital mantiene la misma lógica pero en el teléfono del cliente, con notificaciones que le recuerdan que tiene un sello pendiente.

Cuándo usar sellos

El programa de puntos: flexible, escalable, con más variables

Con puntos, el cliente acumula según cuánto gasta, no cuántas veces viene. Gastar S/50 da más puntos que gastar S/20. Eso cambia el incentivo: en lugar de venir más seguido, el cliente tiene razón para gastar un poco más cada vez.

Los puntos también permiten más variedad de premios. No todo tiene que ser "el producto X gratis". Puedes tener varios niveles de canje, desde descuentos pequeños hasta experiencias especiales.

Cuándo usar puntos

Un criterio para decidir ahora mismo

¿Con qué frecuencia vuelve tu cliente promedio? Si la respuesta es "una vez por semana o más", usa sellos. Si es "una vez al mes o menos", usa puntos. En el 80% de los casos eso basta para tomar la decisión.

El premio ideal tiene costo bajo para el negocio y valor percibido alto para el cliente. Un café gratis en una cafetería cuesta S/2 en insumos y genera una visita que probablemente incluye algo más. Un descuento genérico del 5% no mueve a nadie.

¿Y si uso los dos?

No es tan raro. Algunos negocios tienen sellos para el producto estrella y puntos para el resto de la carta. Si el sistema lo soporta y la comunicación al cliente es clara, puede funcionar bien. El riesgo es la confusión. Si el cliente no entiende exactamente cómo funciona, pierde el interés. La regla general: empieza simple. Cuando funcione, agrega capas.

FIELIO tiene los dos — y puedes cambiar cuando quieras

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